Radio Venus
  Editoriales II
 
                                 La Confesión
Roberto Manuel Carvajal

¡Me rindo, me rindo…no dispare!
¡Vamos hombre….acaso no tiene sentido del humor…..era una broma….!
¿Verdad….que cierto…Juan?

Les suena conocido este dialogo, pues yo creo que sí; pero mi relato no tiene mucho que ver con los diálogos o libretos del cine, más bien les quiero hablar sobre el drama que día tras día vivimos los usuarios de los distintos servicios públicos.

Eran cerca de las 22 horas de un día cualquiera, de un mes cualquiera, la madre encuentra a su hijo bañado en fiebre y llama al padre que estaba en la otra habitación. No se podía perder tiempo en llamar a una ambulancia, así es que toman un taxi para llegar a la posta más cercana.

Habían transcurrido unos 35 minutos, cuando cruzaron la puerta de emergencia, el padre se dirige al mostrador y el encargado sin siquiera darle la cara lo inscribe y lo manda a esperar su turno, el hombre no tomo en cuenta las palabras del padre.

El reloj marcaba las 03 de la madrugada y el niño aún estaba en la sala de espera,  en el pasillo se ve a la enfermera jefe de turno y el padre con su hijo en brazo le suplica que lo vea pronto un doctor, la enfermera, sin escuchar, lo manda a sentar con un guardia a esperar su turno.

Los padres del muchacho, estaban desesperados y ante la mirada atónica de los otros que esperaban su turno se quedaron sentados.

Cuando el reloj marcaba las 04, aparece el doctor junto a la enfermera y se dirigen al patio interior, cuando el padre llega donde se encontraba el doctor, este último se sorprende y se disculpa por estar fumando; pero al padre lo único que le interesaba era que el doctor viera a su único hijo y le súplica que lo revise; sin embargo el doctor le dice que esta cansando y que lleva más de 14 horas en el hospital, lo manda a sentarse a esperar su turno, el padre en un esfuerzo le ruega con una voz atragantada en llanto , pero el doctor y la enfermera insisten en que debe esperar el turno.

Los padres salen del hospital con su hijo y toman otro taxi para dirigirse a otro servicio de urgencia, en el trayecto el padre nota que su hijo no respira, al llegar a la posta, el niño estaba muerto.

John, era un niño de tan solo 6 años, era hijo único de un matrimonio formado por un padre de 65 y una madre de 35 años. La familia, era muy religiosa y respetuosa de las leyes y normas.

Javier, el padre, llevaba más de 30 años trabajando en una empresa de servicios sanitarios y estaba a cargo de las cuentas de inversión; Cley, la madre, una mujer joven que había dejado la universidad para dedicarse tiempo completo a la crianza de su hijo.

¿Les parece conocida la situación?

Yo creo que si, a más de alguien le ha tocado vivir algo similar y no tan solo en un hospital, sino que, en cualquier servicio público (Bancos, municipalidades, escuelas, oficinas del estado, etc.)

Lo que ocurre es que los servidores públicos (trabajadores de empresas o servicios públicos), no tienen asimilado su posición frente a los usuarios. Estos trabajadores están para atender gente, están para solucionar problemas y no para crearlos, están para servir a la gente y servirse de la gente.

Es normal ver a uno de estos personajes pasearse por medio de las largas filas y no solo una vez, sino que, varias veces; y más de alguno hace un comentario con sus compañeros.

En los bancos es común ver a los cajeros levantarse de sus asientos y colocar el famoso papelito “caja cerrada”, para ir a pasear por los pasillos y algunos a fumarse un cigarrillo o tomarse un café, mientras la fila crece cada vez más.

Y que me dicen de los municipales, tomando café, fumando en los patios interiores, conversando, etc., mientras su sala esta llena de personas; quizás sea por su sala esta llena de gente pobre y carente de muchas cosas, lo mejor es cuando llegan: “a ver, quién esta primero, ya usted pase…pase...apúrese, mire que hay mucha gente y ya vamos acerrar”

“a señora, pero le falta una fotocopia de su Rut”…vuelva mañana.

Sin embargo en la oficina no hay un solo informativo de los antecedentes que las personas deben traer y presentar.  Y por último si son fotostáticas, en los municipios hay máquinas que las sacan. Solo es cosa de voluntad.

Y el Sii, el Serviu, las Gobernaciones, las Intendencias, el Congreso, todos tienen algo de lo ocurrido esa trágica noche en ese hospital.

Si un funcionario público no esta en condiciones de atender público debe infórmaselo a su superior y este deberá colocar a otra persona. O si una persona no siente la vocación de atender público, debiera solicitar su cambio o pedir su baja del servicio; pero no me parece que la gente tenga que estar soportando el mal trato de estos personajes; aunque de ser justo y hay usuarios, que son una verdadera lata atenderlos, pero ahí esta la vocación.

Y hay veces que ambas partes (funcionario y usuario), se levantaron con el pie cambiado y se arma el conflicto y que a veces llegando a las manos.

Perdón, pero dentro de los recintos, no se puede insultar a un funcionario público, esta penado por la ley y el infractor puede ir a la cárcel. Así es que los funcionarios públicos están a salvo de una situación semejante…..a no ser que……

Mejor les sigo contando y lean ustedes lo que ocurrió después.

A los 6 días de haber ocurrido este dramático desenlace, el encargado de recibir e inscribir los pacientes a la posta, la enfermera en jefe de aquel turno y el doctor, fueron encontrados muertos de dos balazos cada uno, los dos primeros en sus respectivos hogares y el doctor encontrado en el sanitario del hospital.

El dueño de los disparos, Javier, el padre de John, aquel niño que muriera esperando que lo atendieran.

Como Javier era una persona responsable y apegada a ley y normas, se entrego a la policía.

La opinión pública, acostumbrada a sacar sus propias conclusiones y juzgar antes de saber los hechos; ya había sentenciado a cadena perpetua, casi rosando la pena de muerte, al ejecutor de tan horribles crímenes.

Es que así somos los seres humanos, inmediatamente volteamos la balanza a favor de la víctima ¿pero sabes realmente quien es la victima?

¿Y a ustedes que opinión les merece la situación?
Y eso que están leyendo la historia desde el principio; pero si hubiese contado solo la parte de los homicidios. ¿Qué opinión tendrían de los hechos?

Difícil responder, pero para el ejercicio sería bueno:

1-   ¿Y todo por que no quisieron atender a su único hijo?
No solo, por era su único hijo, sino que, nunca más podrá tener otro de su misma sangre por su avanzada edad.
2-    
¿Y por qué a los tres?
No se olviden que la persona que inscribía a los pacientes, nunca le dio la cara y lo mando a sentarse sin oír lo grave que estaba el niño.
La enfermera, tampoco lo quiso escuchar.
Y el doctor, bueno ya saben el resto.

Esta situación, que pertenece a la película “La confesión”, dirigida por David Hugh Dones en el año 1999, y protagonizada por: Alec Baldwin, Amy Irving, Ben Kingsley, Jay O. Sanders, Kevin Conway y Boyd Gaines.

Nos muestra en su primera parte a los extremos que pude llegar un ser humano cuando se siente presionado o cree que su familia esta en peligro o sencillamente se cierra a la idea de hacer justicia por su propias manos y cobrarse por lo acontecido.

Una muy buena película, que deja al desnudo, la mala atención de los funcionarios públicos, no tan solo en Chile, sino, que en todo el mundo.

Si usted amigo lector es funcionario público o trata con público en su trabajo, tenga cuidado, no vaya a ser que aparezca otro Javier y tengamos que estar escribiendo sobre el hecho que usted protagonizó.

Hasta la próxima.
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